Nuestra memoria está mitificada. Valoramos extraordinariamente poseer una buena memoria. La tecnología contribuye en parte a fomentar esta idea. El concepto de memoria impregna nuestras vidas y la informática y la tecnología tienen parte de culpa. Medimos nuestros ordenadores por su capacidad de memoria, y tenga los Gb que tenga, siempre acabaremos llenándola.
El olvido es el lado malo de la memoria. Es considerado como un fallo durante el proceso de recuperación. Pero ¿qué sucedería si no pudiéramos olvidar? Eso es precisamente lo que le sucede a Jill Price. Esta mujer de 43 años recuerda todo lo que ha sucedido en su vida desde 1980. Pero su memoria solo está relacionada con episodios de su vida (memoria episódica). Es incapaz de recordar una poesía o una fórmula matemática. Jill sufre de hipertimesia o memoria autobiográfica superior. Para ella, es más fácil recordar un acontecimiento de hace 8 años que de hace una semana.
Su diario acumula más de 50.000 páginas donde anota todos los detalles que le han sucedido cada día.
Es capaz de recordar un día cualquiera de su vida de la misma manera que si estuviera viendo una película. Recordará cada detalle, personas, escenario, temperatura.. Para ella, recordar un solo día es volver a vivirlo. El problema es que no suele recordar a voluntad sino de manera automática. Según ella, “los recuerdos asaltan mi cabeza”. Pero de la misma manera que puede recordar vívidamente cualquier acontecimiento feliz, sus recuerdos también serán de hechos desagradables, embarazosos o tristes y en ese sentido Jill considera que su memoria es una maldición.
Almacenamos continuamente datos e información pero de la misma manera, casi sin ser conscientes de ello, nos desprendemos de información no necesaria. Sin esa capacidad nuestro cerebro estaría lleno de datos inútiles e incluso perjudiciales.
De la misma manera que recordar es útil, aprender a olvidar es imprescindible.
(ver estudio original en http://images.ocregister.com/newsimages/news/2006/03/13case.pdf)

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